Estudio sobre "Bésame mucho" de Consuelo Velázquez

A Gerardo Martínez De la Torre.

Había llegado a casi los 20 años.
La edad en la que la mayoría de la gente encuentra la pasión de sus vidas. La madurez de ser adulto apenas se impregnaba en el alma y el idealismo de la adolescencia todavía vivía.
Era la época en la cual las canciones de amor no movían simplemente los cordones del corazón sino también las febriles cuerdas del deseo. Y sin embargo, el desencanto sufrido en la adolescencia premeditaba acerca del tentativo final que todo podía tener.
Era el efímero tiempo del amor eterno y de la pasión arrebata. De las calles en la noche, del humo del cigarro que como espirales marcaba los pasos del otro y del propio.
Los ojos se abrían de par en par, como las puertas que el espíritu le abría a la mano del Amor. Las pupilas se dilataban y las bocas se encontraban.
Nunca nadie podrá arrepentirse de haberse dejado llevar por la música viva de las pieles.
Nuestra juventud nos rebosaba por los cabellos y juramos nunca cortárnoslos mientras estuviéramos juntos.

Y aún así nadie nos creía.
Nadie pensaba que todo esto fuera en serio.
El tiempo con sus lentos pasos tal vez aminore la marcha del corazón y con la edad éste ya no quiere bombear sangre con tanta rapidez como cuando en la juventud uno se lanzaba ante el abismo de otros ojos.

En la noche de la adolescencia seguramente brilla con mayor intensidad la estrella de la mañana. Y sé que no se compara con el Sol y la aurora pero la noche aún es joven... Y yo también.

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